
En estos tiempos de crisis la gente parece estar especialmente aburrida y algunos ociosos, afortunados ellos, dedican su tiempo a soltar chorradas a los cuatro vientos. Hace pocos meses, un joven y confundido autor de tebeos se preguntaba sobre la necesidad del oficio de guionista en el noveno arte. Confío en que a estas alturas alguien le habrá ilustrado al respecto y el joven autor pueda dedicarse a dibujar a tiempo completo y deje de escupir tonterías (algunos las llaman reflexiones).
Ahora, cuando las aguas volvían a su cauce en el siempre tranquilo mundo de la historieta, irrumpe un escritor (es cierto, un amigo mío tiene uno de sus libros) llamado Vicente Molina Foix y monta el pollo. Con escasos y torpes argumentos, el tipo salta a la palestra poniendo en duda que los cómics merezcan el calificativo de arte. No contento con la provocadora salida de tono, se atreve a ir más allá y critica a quienes equiparamos el mágico oficio de hacer tebeos con el resto de disciplinas artísticas.
Evidentemente, al tipo le ha caído la del pulpo. El que aún no lo haya hecho puede pasarse por el blog del escritor (que sí, que lo es, no bromeo) y leer los comentarios que centenares de personas le dedican “cariñosamente”, textos mejor escritos y más elocuentes que lo que yo pueda decir aquí.
Por eso en lugar de hablar voy a soñar. Soñar que un angelito baja del cielo, coge de la mano al escritor y lo lleva en una Nube Kinton hasta una biblioteca municipal bien surtida de tebeos en sus estanterías. Sueño con el escritor ojeando ensimismado el Born Again de Miller y Mazzuchelli, Buda de Tezuka, Maus de Spiegelman, Mort Cinder de Oesterheld y Breccia, Torpedo de Abulí y Bernet, El verano indio de Pratt y Manara ¡Por Tutatis, el pobre escritor no da abasto! Llora de felicidad al descubrir el Spirit de Eisner, Lobo solitario y su cachorro de Koike y Koijima, Paracuellos de Giménez, Epiléptico de David B.… En pleno Nirvana, avergonzado ahora por las sandeces vertidas en su artículo, el escritor se da cuenta de repente de que el ángel que le guía es un compañero de profesión: Andreu Martín. El ángel le asegura que ni él ni el resto de colegas escritores que aman la historieta como medio de expresión le guardan rencor por su polémico texto, que el conocimiento todo lo cura y una mala tarde la tiene cualquiera. De paso, con algo de putería, también le explica lo divertido y difícil que es crear un cómic. Mi sueño termina con el desconsolado escritor llorando a mares, totalmente arrepentido y jurando con la mano derecha sobre el Jimmy Corrigan de Chris Ware que como penitencia intentará escribir una novela gráfica para Astiberri.
Soñar es gratis y, por desgracia, soltar chorradas también.
Raule, guionista de tebeos.
(Ilustración de Lito Mille)