20 de julio de 2007

VIAJE A LA BANDE DESSINÉE. Domingo 24 de junio.

El domingo había que dejar libres las habitaciones al mediodía. Hicimos las maletas y bajamos al vestíbulo, donde nos encontraríamos con Raphaële y Brüno, el dibujante de “Biotope”. Louise se vio obligada a pedir una plancha porque ya no tenía ropa de muda y protagonizó, muy a su pesar, esta escena (la foto la hice, obviamente, tras el acuario del hotel). La encargada del hotel dijo que podíamos dejar allí las maletas y pedimos un taxi que nos llevó a los cinco hasta un hotel impresionante, de al menos ocho estrellas. Íbamos a hacer un brunch, algo así como un almuerzo más fuerte que un desayuno, pero no tanto como una comida. Todo el grupo nos equivocamos de puerta y además no vestíamos para la ocasión; sólo por eso ya nos granjeamos la “simpatía” del camarero, que nos miraba con evidente desdén siempre que podía. A mí me importaba un comino el camarero: “Seré lo paleto que tú quieras, pero voy a comer aquí y tú me vas a servir, cabrón”.


Poco después de pedir las bebidas se nos agregó Philippe Ostermann, director editorial de Dargaud París (algunos le conocéis de haberle presentado un proyecto durante el salón del cómic de Barcelona). A partir de ese momento, Tebeonautas, la cosa fue de mal en peor. El tal Brüno nos cayó como una patada en los huevos y parece que la cosa era recíproca. Parecía estar allí a disgusto, contestaba con monosílabos o de mala manera. Haberte quedado en casa, tío -pensábamos. Roger y yo hacíamos comentarios sobre él y nos partíamos de risa, Louise, la intérprete, se reía con nosotros, el resto del grupo quería saber de qué nos reíamos, Louise se inventaba algo que no tenía puñetera gracia, por lo que los franceses pensaban que nos reíamos de ellos, que íbamos de sobraos, … buf! Fue una situación bastante incómoda que no paró de reproducirse a lo largo del día. Nos disculpamos ante Philippe y Raphaële varias veces, explicándoles que no iba la cosa con ellos, que eran chistes particulares que no tenía sentido traducir.
Cerca del hotel se encontraba la librería Album, una tienda enorme, bien montada, con mucho material, como todas las que hasta ahora habíamos visitado. Participamos en una poco concurrida mesa redonda junto al “amigo” Brüno y el Sr. Ostermann. Fue más o menos bien, en serio, excepto cuando Brüno captó que cada vez que nombrábamos a John Lennon nos referíamos a él. La larga sesión de firmas estuvo mucho mejor. Dedicamos ejemplares de Jazz Maynard sin parar, charlamos como cotorras (Louise mediante, claro) con la gente, que nos hacía mil preguntas sobre el futuro de la serie y los personajes.
Tras comprar algunos cómics en la misma librería, nos despedimos del Sr. Ostermann y de Brüno (el cual nos emplazó a visitarlo si algún día íbamos a la Bretaña, ¿podéis creerlo?). Cogimos otro taxi que nos llevó al hotel a recoger las maletas y de allí directos a la estación de tren. Antes de pillar el Thalys (tren de alta velocidad) a Bruselas, nos tomamos algo en un bar y aprovechamos para pedir disculpas de nuevo a Raphaële por el tema de las risitas. No queríamos resultar pesados, pero nos había tratado muy bien y nos preocupaba que ella especialmente se quedara con esa amarga sensación. Dijo que no pasaba nada, que estaba todo bien y respiramos aliviados.


Bueno, terminó la corta aventura parisiense y de nuevo nos hallábamos en Bruselas (me pregunto, ¿no habría sido más sencillo ir a Barcelona desde París?). El caso es que volvimos en metro hasta el Downtown, el hotel en el que pasamos las primeras noches (aunque esta vez mi habitación no era un cuchitril. Al parecer mi caché había subido, je je).

Louise, Roger y yo nos disponíamos a pasar nuestra última noche en Bruselas. Sólo habían sido cinco días, Tebeonautas, pero tan intensos, emocionantes y divertidos, que no pudimos evitar que cierta tristeza se apoderase de nosotros.


Esta foto de grupo nos la hicieron turistas españoles. Fue asombroso, sólo necesitaron tres intentos para tirar una que quedara más o menos bien.
Louise nos llevó a una turística callejuela con restaurantes en ambos lados, solo restaurantes (no recuerdo el nombre de la calle, sorry). Resulta curioso, porque los camareros están en la puerta en busca de clientes y casi te cogen del brazo para meterte en su local.
Cenamos muy bien y no demasiado caro, charlamos de cosas íntimas, de esas que solo se cuentan los que se conocen desde hace mucho tiempo –así nos sentíamos con Louise- y reímos sin parar.

Y llegó el momento de la despedida. Cuando a Louise la contrataron en Dargaud para hacer de intérprete de dos autores de cómics españoles se temió lo peor (y más después de hablar conmigo por teléfono, se ve que le caí antipático). Pero ahí estaba ella pocos días después, con un nudo en la garganta, diciéndonos lo bien que lo había pasado en nuestra compañía y que, a pesar del escaso sueldo, estaría encantada de repetir la experiencia si volvemos por Bruselas. Joder, fue duro verla subir al taxi y saber que probablemente no la veríamos nunca más


Taciturnos, volvimos al hotel. Nuestras habitaciones estaban casi al final de las eternas y empinadas escaleras y a medio camino había como un descansillo que era casi una habitación. En vez de puerta había unas cortinas rojas y el interior era una especie de comedor con una pequeña cocina. Allí nos hicimos un montón de fotos de las que solo os pongo estas dos.
Yo me partí la caja, pero Roger casi se mea encima (y podéis quitar el casi). Jamás le había reírse a mandíbula batiente de tal manera.


La mañana del lunes la dedicamos a buscar cd´s de Thomas Fersen para Diana, algún cómic de segunda mano y un montón de cajas de bombones (los belgas son los mejores del mundo, dicen) para familia y amigos.

Respecto a la llegada a Barcelona con la puta Iberia no comentaré apenas nada. Que metieran nuestras maletas en otro vuelo y tuviéramos que volver por la noche a buscarlas, no es una razón de peso para amargarnos el fantástico viaje que habíamos vivido.
¡Ah! Por si alguien se lo está preguntando, sí, estuvimos en Bruselas y pasamos olímpicamente de visitar el monumento del niño meón (también conocido como Manekken Pis). ¿Qué pasa?

¡Un fuerte abrazo, Tebeonautas! (Y perdonad el tostón de estas crónicas descafeinadas)

9 comentarios:

Juan dijo...

Respecto a tu comentario: Chichoni era un gran desconocido para mi hasta que se publicó en España el libro Mekanika, desde ese momento fue imprescindible!

Menudos 5 días! Lo que comentas de la calle de los restaurantes recuerda en cierta manera a las ramblas (la primera vez que estuve en bcn piqué y vaya sablada que me metieron).
Si uno se lee todas la entradas del viaje seguidas, termina agotado de solo pensar en tantas cosas que habéis hecho en tan poco tiempo. No me extraña que os pusieseis melancólicos al final.
Un saludo!

Julkillo dijo...

Gran relato,se mete uno en situación de tal manera que ha habido momentos en que creía estar sentado junto a vosotros(ojalá)No te preocupes que seguro,seguro que volveréis a Bruselas y os reencontraréis con Louise,esto es sólo el principio!!
Saludetes

Ismawell dijo...

Estoy deacuerdo con Julkillo, creo que mas de uno ha tenido la sensacion de estar ahi mismo viviendo esas risas y esa experiencia.

Me alegro que el album tenga tan buena acogida, espero poder disfrutarlo pronto en español.

Un abrazo!

DOGJAUSREILY dijo...

digo lo mismo, la cronica empiezas a leerla y te engancha por lo que cuenta y como lo cuentas... que gran viaje.
ahora lo que me ha encantado ha sido lo del bruno y las coñas marineras con el y con el lennon.
enhorabuena tios, por el iniciatico camino que vais a recorrer.
iniciatico digo por que es el inicio de una andadura que os podra llevar a donde querais con o sin camareros estupidos.
empezais a estar por encima de todo eso

Rueda dijo...

Otro que ha vivido el relato como propio.

Sniff, se acabó, intensos 5 días.

Brutal con Bruno/Lennon, pobrecillo XD

Y una pena la despedida con Louise, eso de conocer a alguien en un viaje, que te acompañe unos días en todo momento... a la hora de despedirse la sensación es horrorosa.

En fin, que vengan muchos más viajes como estos, que os los merecéis!(con todo pagado, por supuesto).

Rueda dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anónimo dijo...

El comentario suprimido era de bruno???je je je

damián

Rueda dijo...

nu, era mío, me salió repe =/

I. G. Holgado dijo...

Acompañado de algunos dibujos de Roger hubiera sido un excelente " cuaderno de viaje ".
Solo espero que podais repetirlo