5 de noviembre de 2009

RESEÑA POINCARIANA


¡Eh, lo dicen en Zona Negativa! Entonces será verdad, ¿no?


Me interesé por este cómic gracias a una recomendación de Manuel Darías, crítico por el que siempre he sentido una gran reverencia. Por supuesto, su título también me llamó la atención, así como la imponente ilustración de la portada y el hecho de que, esta obra, constituyera un punto de encuentro entre dos historietistas de generaciones bien distintas.

Por un lado, el dibujante Martín Saurí, nacido en 1949, fogueado durante años en el trabajo de agencia y cuya obra más conocida podría afirmarse que es Odiseo, realizada junto al escritor Francisco Pérez Navarro y recientemente reeditada por Norma Editorial (ahora bajo el clarificador título de La Odisea).

Por otro lado Raule, joven guionista que, después de varias obras en su haber, ha encontrado justo reconocimiento a su trayectoria con el éxito de Jazz Maynard.

Juntos, Raule y Saurí, ofrecen al lector una historia que constituye un perfecto compendio de las características prominentes en diferentes épocas de nuestra Historieta. De cuando el tebeo de agencia producido a destajo para Inglaterra y demás países europeos, La conjetura de Poincaré incluye diversos micro-relatos de género y una forma muy particular de retratar a sus personajes: trazo sintético, ligeramente icónico según el significado que Scott McCloud le atribuye al término, y uso constante de gestualidades y perspectivas falseadas que resultan narrativamente eficaces sin que sea necesario trabajar el dibujo con detalle. Como propios de nuestra época, los detalles más relevantes que presenta esta obra son su mescolanza de géneros bajo una propuesta argumental única, la pátina de relevancia que hace que la historia trascienda el puro trabajo de agencia (soberbio es el hallazgo literario que atañe a la infancia de la chica protagonista) y, en lo que respecta a las ilustraciones, el manejo de los negros del que hace gala Saurí, absolutamente experimental y profundamente expresivo.

En su conjunto, La conjetura de Poincaré no da muestras de grandes pretensiones artísticas ni resulta abiertamente rompedora, pero se erige como claro ejemplo de las muchas posibilidades creativas del Cómic a poco que se huya de pre-concepciones cerradas y se opte por hacer acopio de los muchos hallazgos que distintas etapas de su historia nos han reportado. Posiblemente, sea éste su principal valor.
¡Muchas gracias, Toni! ¡Tú sí que sabes!